Estamos en los últimos días del año y las fiestas asoman su cabeza; posadas, clausuras, día de la Virgen de Guadalupe, navidad, graduaciones, y al último año nuevo. Es el espíritu de la navidad, o llamémoslo como queramos, pero es algo, algo que año con año se presenta en los últimos 31 días del año.

Diciembre viene con sorpresas, muchas, y es que, por mas redundante que suene, diciembre es época de dar. De dar un abrazo a los que vez poco, de dar un regalo a las personas que quieres, de dar una felicitación, de dar gracias a la virgen por los milagros que te a concedido, entre otra infinidad de maneras de poder “dar”.

Desde el viernes en la noche, y hasta ayer domingo en la madrugada, Televisa se inmiscuyo en el corazón de millones, quizás miles de millones, de personas; y los llamo a una causa común: Los niños con discapacidad y el dar.

TELETON es el nombre de ese fenómeno que se repite año con año con la intención, o la firme idea, de apoyar a los niños con capacidades diferentes, como los llaman ahí. En esta ocasión fue la vez en que menos tiempo pase frente al televisor viendo las tristes historias de superación, ó en su defecto las presentaciones de diversos artistas, incluyendo ahora artistas internacionales, o cualquier otra cosa que pudiera salir ahí. Es más, aun no sé si se logro la meta, pero no lo dudo, y tampoco se quien será el nuevo “Jimmy” del teletón, ya saben, ese niño que se volverá popular por lograr hacer algo con cierta gracia.

Pero tuve la suerte, digo suerte por que de verdad así fue, de poder ver la historia de una familia Puerto Riqueña que tenia a una niña en uno de los CRIT (Centro de Rehabilitación Integral Teleton).

No sé, o no logro comprender, el porque las historias que deberían ser alegres se vuelven tristes y nos hacen llorar, nos conmueven y no importa lo duro que queramos ser, terminan dando duro y sacándonos la famosa lagrima de cocodrilo.

Volviendo en tema. La historia de esta familia, por curioso que suene, me hizo sentir menos mexicano que nunca. Hoy no se trato de política, ni de logros de un mártir, un revolucionario o un libertador, hoy se trato de un extranjero que con un acento latino y sabroso, algo jocoso, nos grito, en casa y en repetidas ocasiones, el viva México más grande y sincero que jamás e escuchado. Fue un viva México con orgullo de mexicano pero con acento Puerto Riqueño, uno que no era por alborotar gente desde un palco en Palacio nacional/gobierno, para apoyar a la selección, ni mucho menos. No. Era un Viva México plagado de agradecimiento, y, con cierta tristeza lo digo, pero este fue el viva México mas Mexicano que e escuchado.

Al final, termine escribiendo una entrada con pretexto del Teleton, pero que en realidad intenta hablar de aquel VIVA MÉXICO al que solo puedo responder: ¡Viva!